Respect yourself I


•••Nota previa. Esta es la clase de post que no gusta a todo el mundo. Voy a hablar de las descargas. Lo digo porque, si eres un firme defensor del derecho a conseguir gratis todo el ocio que te parezca, esto no te gustará. Si eres de la SGAE o de la BSA, tampoco.•••

circo

Hace poco me enviaron este interesante cartel, con cuyo contenido seguro que estarás absolutamente de acuerdo. Sí, las cosas van un poco por ahí. Algo parecido –aunque más elaborado y abstruso– decía Alberto Corazón en Eldiario.esEscribir una frase de veinte letras y cada una con una tipografía diferente. Y además daría igual. Si preguntaras a alguien te diría: ¿esto mola, no?.

Nos han banalizado. No sólo a ti, diseñador/a, sino a todos quienes participamos en el proceso creativo. A quienes escribimos se nos pide que lo hagamos gratis, o casi. Y, en general, nuestra labor, antes sobredimensionada, hoy es apenas un apéndice de algo que ni siquiera sabemos bien qué es.

Alomojó es, en parte, culpa nuestra. Alomojó estamos perdiendo el respeto a nosotros mismos. Tal vez nosotros estemos obrando con otros profesionales del mismo modo. Igual nos estamos aprovechando del talento ajeno

Empezaré entonando un mea culpa: sí, yo he descargado y seguro que descargaré cosas de internet sin pasar por caja. La cosa es fácil, la carne es flaca y el dinero, escaso. Pero cada vez me siento peor persona haciéndolo: al fin y al cabo, yo reivindico mi trabajo, intento aplicar tarifas dignas, porque creo que aporto valor a los encargos que recibo.

Y entonces, ¿por qué no aplico los mismos criterios a otros profesionales? Bueno, ni puedo ni quiero juzgar a nadie. Existen muchísimas razones para descargar cosas de internet y, desde luego, creo que quien apenas llega a fin de mes tiene, cuando menos, un derecho moral a cultivar su espíritu. O a usar herramientas que le permitan ganarse la vida. Pero hemos convertido un comportamiento a priori ilegítimo en un derecho inalienable: el derecho a la cultura libre. Y quien dice “cultura libre” dice “software libre”.

A mí, la verdad, no me escandaliza la descarga. Me escandaliza la hipocresía de justificar las descargas en nombre de una pretendida “revolución”. Mi impresión es que, además de no gastar dinero, encontramos más divertido dar vueltas, buscar y finalmente descargar gratis. No es un derecho, es que la propia actividad es en sí una forma de ocio.

Tengo la sensación de que si pudiéramos descargar cervezas, invocaríamos el “derecho a la cerveza libre”. Si pudiéramos viajar, hablaríamos de la “libertad de movimientos”. Y si la fuerza de trabajo fuera descargable por internet, estaríamos hablando de… ¿el libre derecho a la explotación? Alomojó deberíamos reflexionar sobre si ese es el mundo que queremos.

Si no respetamos, ¿por qué nos iban a respetar?

Si preferimos buscar en internet una aplicación para el móvil, en lugar de pagar los seis euros que cuesta. O si nos bajamos el libro de nuestro autor favorito (a quien adoramos y quien nos proporciona horas de solaz) en lugar de esperar a la edición de bolsillo. O si… sencillamente, no nos respetamos. Estamos aceptando que otros juzguen nuestro trabajo por el mismo rasero y acudan al aficionado… o, en el mejor de los casos, nos hagan currar por precios ridículos.

–me dirás–. Pero no tengo un duro. Bueno, ya somos dos. Pero habrá que buscar alguna solución. Porque hay alternativas.

Lo que sí es libre, gratuito (o casi) y respeta a sus creadores.

Aunque no lo creas, hay miles de personas currando GRATIS (o casi) para poner a tu alcance contenidos de calidad:

  • ¿Usas un Office pirata? Deja de usarlo (por si acaso, no lo desinstales). LibreOffice hace exactamente lo mismo y además no tiene ese puto clip que pretende ayudarte cada vez que tecleas una letra. Por cero euros tienes procesador de textos, hoja de cálculo, presentaciones… todo lo que Microsoft te vende, LibreOffice te lo regala.
  • ¿Photoshop? Prueba con Gimp. Le queda alguna que otra arista por pulir, pero puede arreglarse con cierta facilidad. Genera imágenes en los mismos formatos que la herramienta de Adobe.
  • ¿Diseñas webs?. Si lo haces como un profesional (o sea, escribiendo el código) ya sabes que hay editores como Sublimetext o Kompozer (que, además, tiene funciones de visualización). La primera es de pago, aunque no te obliga en modo alguno a pagar. La segunda es gratis.
  • ¿Usas Illustrator? Inkscape se le parece mucho, es gratis.
  • ¿Indesign? Dale una oportunidad a Scribus.

Lo mejor que tienen esas alternativas no es su gratuidad o bajo precio, sino, que, al usarlas, estás ayudando a los creadores y enriqueciendo una comunidad que quiere ofrecer alternativas al software privativo. Y eso, sin que tengas que justificarte con (lo siento) falsos derechos.

Si te gustan, úsalos (y dales un donativo). Y, oye,  si nada de eso te convence, si no te funciona, siempre puedes volver a las alternativas… poco legales. Respetarse a uno mismo no incluye morirse de hambre.

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