La reconversión del brujo de la tribu.


Probablemente apareció en tiempos del Homo Neanderthalensis. Sería un individuo con escasas habilidades para aquello que proporcionaba valor a la comunidad. No podía (o no sabía) acosar a un mamut durante tres días, ni tenía habilidad para lanzar un venablo, ni ojo para reconocer esas hierbas capaces de quitar el hambre.

Pero sí tenía una habilidad: convencer a sus congéneres de que poseía un conocimiento superior e imprescindible para la supervivencia del grupo. El Brujo estaba en contacto con fuerzas ocultas y poderosísimas que podían garantizar de todo: una buena caza, un parto sin sorpresas, una escaramuza victoriosa…

El brujo evolucionó sin perder su esencia. Pero esto no es un libro de antropología. Así que daremos un salto temporal para plantarnos en…

El Brujo de la tribu… empresarial.

Lo conozco desde que empecé a trabajar en esto. In illo tempore era un señor que se paseaba, ora pomposo ora exhibiendo una modestia más falsa que un iPad de mercadillo, dejando entrever unos supuestamente vastísimos conocimientos en su campo… conocimientos que jamás de los jamases compartía, no fuera a ser que eso le quitara vidas. Más o menos talentoso, nunca se apeaba de una molesta superioridad intelectual. “Todavía te queda mucho por aprender”, me dijo uno irritado cuando me atreví a plantear una humilde objeción parcial a su brillante planteamiento (lo era, era brillante. Y mi objeción, además de parcial, era pertinente. Pero eso es otra historia.)

Pero todo fluye y ese brujo acabó atropellado, laminado, machacado por unos tiempos y modos que demandaban otras perspectivas. Sabía mucho, eso es seguro, pero de tanto que sabía había olvidado seguir aprendiendo. Y ese brujo fue sustituido por otro, y luego por otro… hasta que la Era Google/Facebook nos trajo al genuino…

…Brujo de Internet.

Aclaro, antes de que se me cabreen (justificadamente) muchos. Existen miles de expertos en web -programadores, diseñadores, especialistas en posicionamiento web, community managers, gestores de contenidos- que adornan su talento con una ilimitada generosidad. Son gente que me ha enseñado casi todo lo que sé al respecto (que no es mucho, no crean ustedes, aunque eso es culpa mía) y que ha perdido más tiempo del exigible en explicarme pacientemente algunas cosas. O que han perdido su propio tiempo en compartir en internet lo que saben.

Pero esos no son brujos, sino lo contrario. Así que, hecha esta necesaria salvedad, vamos a referirnos a quienes, viniendo de allí, abrazaron el Lado Oscuro.

El Brujo Internetero se las suele dar de Geek, pero es pura pose. Sin duda, sabe, pero conceptúa su conocimiento como Algo Enormemente Oscuro que Tú, Pobre Analfabeto Tecnológico, No Entenderías en Varias Vidas. El Geek intentará explicártelo, y tal vez no sea capaz de traducir su jerga a un idioma convencional. El Brujo ni se molestará en ello…

Los disfraces del Brujo.

A partir de ese perfil tipo, los Brujos pueden presentar diferentes comportamientos:

  • El Brujo-Esotérico. Atesora (o aparenta atesorar) un enorme conocimiento. No explica: pontifica con frases como “Flash está muerto” (de momento, no) o “Maquetar una página con tablas es de paletos.” (lo será, pero en ocasiones permite resolver rápidamente una necesidad y cumple su función con notable eficacia). IMHO es un señor que está en un sitio equivocado. A veces es una especie de Sheldon Cooper transplantado a la actividad profesional, pero no siempre es así. Muchas veces lo suyo es apariencia.
  • El Brujo-Da Vinci. Es capaz de abarcar la totalidad de un proceso: diseña en Photoshop, escribe el código, hace los flash, escribe los textos y lleva las redes sociales y el blog. Todo. Y, dado que cualquiera de esas labores requiere una apreciable cantidad de tiempo, forzosamente hará algo mal… En su versión más dañina, se opone frontalmente a que cualquiera invada su área de trabajo.
  • El Brujo-Nosepuede. Letal. Su función consiste en poner palos en las ruedas. La mayoría de cosas no se pueden hacer, no importa que exhibas trescientos ejemplos de lo contrario (siempre es una plataforma distinta, un lenguaje distinto, una arquitectura distinta…). Los proyectos se detienen a sus puertas, porque hay que estudiarlos y evaluar su viabilidad. Todo tiene alguna pejiguera, todo está fuera de los estándares (que, muy seguramente, están ocultos en la página 3217 del Libro Tibetano de los Muertos)…

…a partir de ahí, cruza y obtendrás casi infinitas variantes.

No te toma por tonto/a. Solo tiene miedo.

En eso se parece al brujo de antes. Dado que domina (o parece dominar) una tecnología tan árida como esencial para los demás, tal vez piense que compartir cuatro detalles pondrá en peligro su posición. En los tiempos que corren no lo podemos censurar del todo, a ver quién es el guapo que no lo intenta TODO para no ser el próximo desalojado. Pero creo que se equivoca.

Creo que, ejerciendo de guía y modesto maestro de lo suyo, el Brujo se convertiría en un personaje más valioso, más agradable a los demás y, sobre todo, más contributivo, tanto a los objetivos de la empresa que le paga el sueldo como a la comunidad en general.

Pero, ¿qué pasará con el Brujo? Pues seguramente seguirá disfrutando unos años de su posición de Pilar Fundamental de Este Proyecto para, inevitablemente, ser atropellado, laminado, machacado por unos tiempos y modos que demandarán otras perspectivas.

Lo que está claro es que este Brujo será sustituido por otro. Así son las cosas.

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