Los tiempos


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Una conocidísima y respetadísima agencia de publicidad acaba de sacar al mercado una academia de creativos. La cosa, si lo he entendido bien, consiste en situar al aspirante en un ambiente de trabajo 99% real (el 1% restante son las campañas que, de acuerdo con los responsables de la empresa, no serán reales ni utilizables). El curso dura diez meses y cuesta 20.000 euros.

Las reacciones, naturalmente, no se han hecho esperar. Los blogs especializados en la cosa de la publicidad no se lo han tomado muy bien, en general. Una conocida dibujante, de rural modernidad, ha publicado y luego retirado una página en contra de la iniciativa. Otros lo han calificado de desfachatez, explotación y otras cosas más gordas. El responsable de la idea ha salido al paso de la polémica con argumentos que me parecen bastante puestos en razón.

Peeeeeroooooo… uno tiene también sus objeciones. Lo que se ofrece es un periodo de formación en una de las mejores agencias del mundo y a cargo de los mejores profesionales de España. Nada más y nada menos. Son los argumentos las justificaciones los que me acaban de fallar:

En España hay talento, no lo niego, pero cada vez es más difícil dar con él. No sabemos dónde buscar, por eso nos pareció buena idea esta plataforma como efecto llamada.

Yo lo cambiaría por:

Si somos quienes somos es porque aplicamos conceptos, metodologías y formas de trabajar netamente distintas. Y eso es lo que vamos a enseñar en la academia: a poner en práctica el talento.

Y, en cuanto al elevado precio…

Sí, reconocemos que el precio es elevado (…) y comprendo que la gente se escandalice un poco, sobre todo tal como están las cosas. Pero este precio hay que entenderlo como un filtro de la ambición del candidato, al tiempo que nos otorga una responsabilidad y un nivel de exposición muy alto a nosotros. No nos vamos a hacer ricos con esto.

FAIL! El precio es elevado, pero no me llores. Mejor…

Estamos hablando de la mejor formación a cargo de los mejores profesionales. Nos gustaría que fuera de otro modo, pero eso cuesta dinero.

En suma que la academia ofrecerá una formación de calidad excepcional. Pero es eso, una muy buena escuela que, como todas las muy buenas escuelas, es cara. Para mí que el impulsor de la idea se lió un poco y (le pasa a cualquiera, incluso al mejor creativo de España y parte del extranjero, dicho sea esto sin ironía) quiso vestir su academia con un traje que no le sentaba del todo bien.

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No he visto, sin embargo, que los blogs referidos (y si es así, vayan mis disculpas por adelantado) se pongan como motos con algunas ofertas que circulan en las plataformas especializadas en freelance que últimamente han surgido. En mi anterior post ya hice referencia a una, pero me gustaría analizarla en detalle, si me lo permiten.

Obviaremos el nombre de la plataforma donde aparece –mayormente porque sus responsables no lo son del contenido de las ofertas–, pero veamos el encargo:

Estimados escritores y escritoras. Estoy en la búsqueda de una persona para alimentar con contenido original un blogs. Los requisitos son:

1) Tener ganas, experiencia en escribir para blogs y ser responsable y puntual. Además conocer el tema.

2) Excelente ortografía y puntuación, USO DE KEYWORDS PARA SEO. Esto es vital, ya que el contenido de este blog es de calidad, por lo tanto no se va a subir cualquier cosa, se va a revisar muy bien y el escritor deberá hacer las correciones en caso de haberlas.

3) Contenido 100% original, es decir no copiado de otra web o cambiado las palabras. (Se va a comprobar coincidencias o posibles coincidencias con herramientas como plagium, plagiarismDetect, Articlechecker, Duplichecker, seeSources, Viper y Google para comprobar la originalidad) Si se encuentra plagio, ese artículo no será tomado en cuenta.

4) La temática es sobre:
Decoración
Reformas
Nuevos materiales de construcción
Cambios en la legislación interesantes que afecten al sector de las reformas y construcción
Obra Nueva
Arquitectura

Hasta aquí, estupendo. Contenidos de calidad, SEO, nada de plagio… conocer el tema es tal vez algo más complejo, pero nada que no se resuelva con cierto interés. Me apunto, vamos a ver…

5) El tamaño del artículo es de minimo 300 maximo 400 palabras y se pagarán 2 Euros por cada uno por medio de PayPal. Los créditos del artículo son de la persona quien lo hace PERO el contenido de ese artículo es exclusivo del blog, es decir no puede ser publicado en otro lado, bajo ninguna circunstancia. En caso de que esto no se cumpla, ese artículo no será tomado en cuenta.

6) El trabajo consiste en redactar 25 articulos por mes, un total de 50 Euros al mes.  
El escritor deberá subir el articulo al blog y añadir una fotografía.
La relación contractual es de 25 artículos y 1 mes. Pasado este periodo se prorrogará si el resultado es satisfactorio. 

Yo he hecho unos cálculos. Entre recopilar información, hacer un esqueleto, reescribir, situar las keywords de modo que no parezcan pegotes, buscar foto (legal, claro) y subirlo al blog, la cosa me sale por… mmmm… unas dos horas. Los veinticinco artículos, una semana de trabajo, finalizada la cual cobraría la morterada de 50 euros. Ya tengo el finde resuelto, mira tú…

Pues, tatachán, el proyecto ya ha sido adjudicado. Felicidades al afortunado profesional, que podrá pagarse unas cervezas o tal vez la conexión a internet. Mientras tanto, siguen apareciendo ofertas de esta clase. Como por ejemplo…

Estamos buscando un redactor y/o creador creativo que sepa cómo crear historias que creen un impacto y dejen una impresión duradera ante una amplia variedad de audiencia.

¿Honorarios? Un euro por artículo. Sí. Un euro.

Y como estos, cientos. ¿Lo de la academia, un escándalo? ¡Vamos, anda!

Hasta otra.

Cosas que dicen que molan (y no sé si molan tanto)


El “Coworking”

Dícese de aquel espacio en el que diversos profesionales (también pomposamente llamados “emprendedores”) ejercen su labor compartiendo gastos. Sus propagandistas suelen traducir las ventajas del “coworking” en expresiones no menos pomposas, tales como “sinergia” o “ambiente favorable al flujo de ideas”.

En realidad es la pura y dura expresión del fracaso económico nacional: personas la mar de válidas, talentosas y potencialmente contributivas cuya endeble actividad económica no les da para lo mínimo: un despachito, tal vez un/a ayudante asalariado/a y unos honorarios medianamente dignos. Su trabajo es generalmente demandado y valorado (moralmente, al menos), pero a nadie se le ocurre pensar que pagar 50 euros por 25 artículos para un blog (¡dos euros por artículo de 400 palabras!) roza el delito de explotación laboral. 

No negaremos sus ventajas: siempre es mejor que trabajar solo, más que nada porque los antedichos 50 euros se te pueden ir en antidepresivos. Si encuentras buen rollo, te reirás más que en tu casa o microdespacho. Y, bueno, tal vez encuentres un socio/a con el que puedas construir algo más sólido. O incluso un novio/a, nunca se sabe.

Par contre, dispondrás de un espacio mínimo, lo justo para tu ordenador (que deberás proteger convenientemente con una clave) y tal vez una cajonera donde guardar tus quince o dieciséis papeles. Olvídate de tu intimidad profesional (a ver cómo hablas con tus hipotéticos clientes de asuntos hipotéticamente confidenciales) y te deseo que te lleves bien con el compañero de al lado…

El “Cloud Computing”

Especie de nueva religión tecnológica que preconiza la migración de todo nuestro conocimiento a un servidor situado vete a saber dónde, gracias a lo cual podrás establecer relaciones de trabajo a distancia. El Cloud Computing lo hace todo chachipiruli: mejoras la productividad y la competitividad, puedes trabajar desde cualquier sitio (el ideal de todo el mundo, vamos: trabajar desde casa, en vacaciones, en sábado, en el avión, mientras… dejémoslo).

Pero, a ver, almas de cántaro. ¿No nos ha dicho el señor Snowden que espían hasta nuestros e-mails de amor? ¿No nos han advertido como ochocientas veces de que nuestros datos en la red están tan seguros como un gramo de cocaína en una fiesta de fin de año?. Si incluso nuestros ordenadores personales son atacables, ¿qué no será de los servidores en la nube?

De nuevo, tiene ventajas: Evernote o Dropbox son la mar de útiles. Este último lo usamos en mi oficina en sustitución de la red interna (lo que no deja de ser un error) y en general permiten eso de trabajar en casa (mi ideal de toda la vida, pero ésta es dura) y disponer de información sin tener que ir corriendo a la oficina para ver tu ordenador. También molan los servicios de Google. Pero tal vez convendría recordar que Evernote ya ha sufrido un ataque hacker (les honra haberlo reconocido, pero me gustaría saber cuántos no lo hacen).

Emprender

En neolengua, “montárselo por su cuenta” o “poner un negocio”. Eso sí, en no pocos casos deseando fracasar porque “de los fracasos se aprende mucho” y “en Estados Unidos se valora mucho el que uno haya fracasado alguna vez”. El problema es que los fracasos cuestan mucho dinero y suelen dejarte con más trampas que en una película de chinos. Pero es igual: de derrota en derrota hasta la derrota final.

Existen principalmente tres perfiles de emprendedores:

  1. El emprendedor mediático. Tiene una buena idea (digamos una aplicación de Android que lo peta) y consigue que un fondo de capital riesgo le financie la aventura. Pero los fondos de capital riesgo no son hermanitas de la caridad y buscan un retorno de la inversión lo más rápido posible. Así que el emprendedor no tiene demasiado tiempo que perder: suele trasladarse a Sylicon Valley y llamar a las puertas de las “majors” para presentarles su proyecto. Leí hace poco una entrevista con uno de ellos: tenía su oficina junto a las de Google y su objetivo confesado era vender su idea al Gran Hermano (o a otro) y sacarse un pastizábal. Tal vez para “emprender” de nuevo, pero eso, en el castellano de toda la vida, se llama “dar el pelotazo”. Que no tiene nada de malo, pero sí muy poco que ver con eso de “crear empresa”.
  2. El pro. Hablé de ellos en otro post. Llamarles “emprendedores” (así los llama nuestra ministra del paro) es dignificar lo suyo gratis. Pero ellos y ellas ya son dignos. Lo que necesitan es clientes, actividad y facturación. Esto, obviamente, es una cosa que tanto a nuestra ministra del paro como al resto de sus compañeros de gabinete se les da un poco peor, así que, si les llamamos emprendedores y hacemos una ley al respecto quedaremos estupendamente. Olé.
  3. El pequeño empresario. Especie en serio peligro de extinción debido a la casi absoluta destrucción del ecosistema en el que se desarrollaba. Se suele culpar de esto a la falta de crédito. Pero el problema fundamental es otro: que no hay negocio. El pequeño empresario es ese que aguanta, incluso comiéndose sus magros recursos, porque no tiene alternativa. Le encantaría contratar a más gente, pero la situación no da para eso. A veces trabaja sin sueldo y muy pocas veces es llamado emprendedor, porque tener un bar o una ferretería no aporta el glamour necesario para acceder a esa categoría.

Y, finalmente, la empresa 2.0

¡Qué guay es trabajar en Google!. Por lo menos, El País lo pintaba así hace poco. Van al curro en autobuses con wifi, tienen diez clases diferentes de comida, zonas de esparcimiento… todo súper pero que mega enrollado.

Me perdonarán los creyentes, pero soy un poco escéptico al respecto. Uno tiene que dar a la empresa en la que trabaja lo mejor de sí mismo y para eso es mejor tener una vida fuera de la empresa. Ya saben: novia o esposa, niños si apetece, tomar unas birras con amigos preferiblemente alejados del ámbito laboral de uno, ir al cine, pasear en solitario o en compañía, leer… Leyendo lo de Google, uno tiene la sensación de que se desincentiva cualquier cosa que no sea tener la mente en el futuro de la compañía. Me recuerda a una auditora ya desaparecida. La diferencia es que allí era obligatorio ir trajeado y aquí puedes venir en bermudas. Como que mola más… siempre que entregues cuerpo, alma y cerebro a la empresa. Lo siento, pero no trago.

Bueno, ya está bien de tocho. Hasta la próxima.

Y eso, ¿cómo lo haces?


El otro día recibí uno de esos encargos superurgentes a los que todos estamos acostumbrados. Nada trágico: de hecho, soy la demostración andante, viviente y escribiente de la Ley de Parkinson. Y, comoquiera que es lo que hay y que la persona que me lo pidió representa a un muy buen cliente y, además, es una de esas pers onas que, a base de críticas, hace que tu trabajo sea mejor, me puse manos a la obra.

Acabé el encargo en el tiempo previsto. Además, gustó tanto como para que las modificaciones fueran pocas y secundarias. Mi cliente me agradeció el esfuerzo y el resultado y… me preguntó cómo había sido capaz de hacerlo.

¿Talento? ¿Oficio? ¿Método?

Respondí a la pregunta como El Spaghetti Gigante Volador me dio a entender en ese momento, pero eso me despertó cierto interés por reflexionar, si bien en plan pedestre, por el proceso de creación. Y aquí estamos de nuevo. Gracias por aguantarme.

Proceso creativo (fuente)

Primero, una aclaración: proceso creativo es para un servidor aquel proceso en el cual, partiendo de unos materiales, llegas a otros distintos y no previstos (si fuera un resultado previsto, hablaríamos de “industria” o “artesanía”). Eso vale para un programador informático, un investigador en Topología, un redactor publicitario o un señor que restaura vehículos. Entre otros. La cuestión primera es cuáles son las condiciones que permiten a uno hacer cosas así. ¿Es talento, oficio o método?

A tal respecto, confieso ser algo heterodoxo. Creo que el talento está sobrevalorado –no es cuantificable, está más relacionado con el interés que con las condiciones innatas y no garantiza buenos resultados– y que el oficio es un elemento secundario –lo descubres cuando un recién llegado presenta un trabajo de mejor calidad que el tuyo–. En cambio…

Del método SÍ podemos hablar.

Y, además, un encargo urgente, como el que daba inicio a esta entrada, es ideal para eso. ¿Por qué? Pues, fundamentalmente (y remitiéndonos de nuevo a la Ley de Parkinson), porque en estos casos failure is not an option (que dicen los pilotos). O trabajas con método, o te estrellas. Tú verás.

En segundo lugar, e IMHO, el método es relevante porque impone disciplina. Nuestra exacerbada latinofilia nos llega a pensar a veces que un pensar anárquico es más productivo. Craso error: creo (y te lo dice un ser absolutamente caótico) que es la disciplina la que nos lleva a ser más creativos.

En cualquier caso, no puedo hablar del “método” en general. Tú tienes el tuyo, yo el mío y de ese método, el mío, hablo. Así lo hago yo:

Fase uno: cosecha de datos.

¡Gracias, Internet! Tú has logrado que este paso sea mucho más sencillo. Todavía (cebolleta) recuerdo los tiempos en los que cualquier oficina que se dedicara a esto estaba atestada de libros sobre las más variadas materias (la alternativa era dejarse un pastizábal en la Britannica). Ahora basta con tener cierta habilidad para el googleo y usar los marcadores de tu navegador. Incluso puedes documentarte a la vez que escribes, a condición de que hayas adquirido una idea general al respecto. Lo que nos lleva a la…

Fase dos: escritura automática.

Para mí, esta es la parte más importante. No para el destinatario de mi trabajo, sino para la calidad final. Se trata, en mi caso, de escribir deprisa, sin hacer caso al aspecto del texto, pero con atención a los contenidos. Ahí permito que mi “yo” más convencional se luzca y el resultado siempre es un relato deslavazado, sin gracia, trufado de lugares comunes y recursos pobres, aburrido e ilegible.

Pero el texto, una vez terminado, contiene la información que quiero transmitir y una cierta apariencia de estructura, lo que me sirve para la…

Fase tres: reescritura.

Nunca aprovecho el documento Word de la fase anterior. Lo imprimo y abro uno nuevo en blanco. Intentar escribir sobre el primer texto es una tentación, pero también una maldición. Hay muchos cantos de sirena ahí, en forma de palabras-insecto. Ahí está el verdadero ejercicio de disciplina: empezar de nuevo, partiendo de (casi) cero.

Si en la fase dos la prioridad era la información, en la tres la clave está en los conceptos. Ya sé lo que quiero decir y ahora tengo que convertirlo en cápsulas que (a) tengan interés para el lector (b) sean digeribles. Con un ojo en el primer texto (impreso), otro en la pantalla y (sobre todo) con la mente puesta en el destinatario, escribo despacio. Ahí es donde las pomposidades tipo “Esta exclusiva oferta para usted” o “No deje pasar la oportunidad” se van por el sumidero. Terminada esta reescritura paso a la…

Fase cuatro: Navaja de Ockham.

Mi verdadero patrón, fray Guillermo de Ockham (fuente).

El filósofo y franciscano británico debería ser nombrado nuestro santo patrón. Le debemos la máxima menos es másahí es nada.

Este es un paso triste, porque ahí es donde uno se carga esos adornos que halagan al ego propio… pero no dicen nada al ego ajeno. Así es la vida, a podar se ha dicho. Como dijo aquel, nuestro (últimamente magro) sueldo se justifica por las palabras que borramos, no por las que escribimos.

Durante el afeitado, no solo podo, sino que leo con calma, corrijo algunas repeticiones, simplifico aquella frase que escribí donde el predicado precedía al sujeto (¡prohibido totalmente!) y rehago algún párrafo donde no han quedado claras las cosas.

Lo ideal, en mi opinión, es que entre la fase tres y la cuatro transcurra un tiempo prudencial. Como mínimo, un par de horas, aunque lo óptimo es una noche, tiempo en el que las palabras se asientan, el juicio se refresca y el sentido (auto) crítico se despierta.

Y en un mundo ideal…

Qué bonitas son las cosas ideales (fuente)

Oh, en un mundo ideal yo haría por lo menos otra reescritura. Y en un mundo más ideal todavía, prepararía una segunda propuesta siguiendo el mismo método. Pero las más de las veces, el calendario no lo permite. Ahí es donde el oficio y el talento juegan su papel.

Hasta la próxima.