En el regreso: Hablemos de tele.


(A mis escasos aunque espero que fieles seguidores. He interrumpido unos meses las publicaciones en el blog debido a acontecimientos de índole personal. Hoy vuelvo).

¿Por qué el anuncio de la Lotería Navideña es un éxito…

Ridiculizado ad nauseam, parodiado mil veces en youtube, pasto de comentarios crueles en todos los medios, el spot de la Lotería de Navidad ha sido definitivamente la comidilla publicitaria de estas fiestas. Uno de los comentarios más repetidos: que vuelva el calvo.

No podría discrepar más profundamente. Es absolutamente seductor ver a una Marta Sánchez convertida en radiografía social tomwolfiana, un Bustamante que de puro estupendo resulta empalagoso, una Niña Pastori (¡ay, cuando Camarón le cantaba “vale más tu dulce nombre que El Pilar de Zaragoza”!) que se ha comido a seis niñas pastori… y esa Caballé terrorífica. Y, sobre todo, ese Raphael transmutado en serial killer (¿que no?)

Da igual las veces que la hayan emitido. A mí me deja con cara de lelo y a la espera, sobre todo, de esa última imagen de un Raphael salido del Museo de Cera, así como avisándote de que vas a echar de menos a Hannibal Lecter. Y ahí está el éxito: en sus parodias, en su viralidad, en lo mucho que se habla del spot en todas partes (otra cosa, bien es cierto es si es preciso un anuncio de estos cuando la gente lleva comprando lotería navideña desde el mes de agosto). Y, sobre todo, en algo que no abunda en la publicidad televisiva: no te cansas, nunca te cansas de verlo. Al contrario que…

…y el de pizza Casa Tarradellas un ladrillo insoportable?

Hermoso slice of life con MILF, tres niños no exactamente guapos pero de graciosa faz y un marido que, como se lleva últimamente, es guapete e insustancial.

 

Bonito ¿verdad? Qué tierno el gesto de la madre, su lucha interior reflejada, no en un monólogo interior, sino en la pura gestualidad… y al final su alegre sacrificio.

El problema viene con la siguiente emisión (que suele ser una hora después) en la que la misma MILF, con el mismo marido y los mismos niños, vuelve a dudar entre la satisfacción egoísta de su placer y la alegría de la familia. Uno espera que, al menos en esa segunda emisión, la madre actúe con valentía, se empapuce todo el trozo de pizza y mire a sus hijos mientras farfulla YA FE A FERFINADO FA FIFFA. Pero no, oye, que vuelve a compartirla.

Y así, una vez visto, aspirado, admirada la cuidada producción, el hermoso tratamiento de los valores familiares y todo lo demás… lo que queda es puro tedio. Verás el spot unas doscientas veces, cada una de las cuales la madre hará exactamente lo mismo.

Lo dicho: no entiendo demasiado de tele, pero uno espera que los spots se vean y se vuelvan a ver ¿no?

Pues no se vayan, que aún hay más…